UNA HISTORIA DE CAFÉ DESDE 1933

Don Gabriel Kafati

Don Gabriel nació en Palestina en 1898, donde curso la escuela primaria, no quiso seguir estudiando, y se reveló a sus padres que insistían en enviarlo a estudiar a la Universidad Americana de Beirut. Llegó a Honduras en el año de 1913 a unirse a sus hermanos mayores con quienes emprendieron un negocio de abarrotería donde se distribuían los comestibles mas sofisticados de estados Unidos y Europa (en la esquina contiguo a Casa Quan frente al Parque Central).

Y así, don Gabriel Kafati anduvo mucho en los caminos arduos, dificultosos y dolorosos de la vida… caminó en Honduras con la frente siempre en alto, con dignidad y fe asombrosa, y paso a paso, logró éxito, admiración, cariño y respeto de su familia, amigos y empleados.

Don Gabriel salió de este mundo con el digno pensamiento de no haber vivido en vano; no llevó nada pero dejó entre los hombres ocho hijos ejemplares, 29 nietos (los mayores grandes profesionales), 13 bisnietos; cinco grandes empresas, fuertes pilares de la economía nacional; trabajo para más de 600 empleados permanentes y otros mil temporales, y acciones que refuerzan otras compañías que son el sostén diario de otros quinientos más.

En 1924 en una boda majestuosa y muy comentada en ese tiempo se unió en matrimonio con la señorita Elena Kafati apadrinando la boda los doctores Andino Aguilar y el doctor Mejía Colindres, con sus respectivas esposas.

Dan Gabriel con sus primeros tres hijos que tenia que alimentar, se vio casi en la completa miseria y aparte de muy pocos amigos, vivió las verdades amargas del poeta hondureño Ramón ortega “si estamos bien nos tratan con cariño, nos buscan, nos invitan, nos adulan, más, si acaso caemos, francamente solo por cumplimiento nos saludan”. Este hecho hirió en lo más profundo a Don Gabriel, que decidió retirarse casi por completo de la vida social e hizo de él un ser casi solitario.

El negocio prospero hasta el año de 1923, año en que los acontecimientos políticos y la muerte del Presidente de la República Rafael Lopez Gutiérrez terminaron en los trágicos sucesos que vivió la capital del país en los cuales se cuenta la quema del mercado San Isidro y el saqueo del comercio citadino (clientes casi todos del negocio de la Bella Unión de José Kafati y Hermanos) dejando a la mayoría de ellos en la quiebra y por consiguiente al negocio de los hermanos Kafati.

El Transporte, que era ya difícil en esa época, lo fue aun más; razón por la cual Don Gabriel empezó a viajar a El paraíso, La Paz, Marcala y otros pueblos en busca de café para la tostaduría… ¿El Camino? Lo hizo tanto en un viajo camión, como en mula y a pie saliendo de Tegucigalpa a las 2 y 3 de la mañana regresando a las 4 y 5 de la tarde para volver de nuevo al día siguiente. Doña Elena con los hijos y dos empleados más se hacían cargo de la tostaduría.

Las penurias de la guerra pasaban y la familia Kafati seguía luchando… ya en la postguerra (1945-1950) hubo auge en el país, más circulante, los negocios empezaban a prosperar, el negocio del café no quedo atrás y CAFÉ EL INDIO se dio a la fama con el primer anuncio radial preparado por el amigo de la familia, Humberto Andino de radio Comayagüela. Se modernizo el empaque con la adquisición de la primera maquina empacadora automática.

En el año de 1933 Don Gabriel empezó a realizar un sueño  largamente acariciado; Tostar y Moler Café; con el apoyo de su suegro, Don Saleh Kafati, compró su primera Tostadora de Café, que funcionaba a base de gasolina, y con la ayuda de su esposa doña Elena (otro espíritu luchador y emprendedor) empezó a tostar su café de noche y a empacarlo a las 2 de la mañana (para que no perdiera su frescura) y a las 5 de la mañana Don Gabriel estaba tocando las puertas de la pulpería rogando a los dueños comprarle su café aunque fuera al crédito, así comenzó lo que es ahora la gran fábrica de CAFÉ EL INDIO. Para entonces don Saleh, le había regalado un terreno, en ese tiempo lejano y solitario en el barrio La Bolsa donde construyó su humilde vivienda e instaló su máquina de tostar.

Doña Elena con la ayuda de sus pequeños hijos de 10, 8 y 6 años aprovecho el terreno y las cercanías del Río Choluteca para sembrar y cosechar  verduras que luego vendía, compro dos cabras para alimentar a sus vástagos, los años pasaron lentos y dolorosos… y en una pobreza difícil de describir, nacieron cinco hijos más.

La necesidad obligo a doña Elena a poner un pequeño molino de maíz y así de centavo en centavo pudo enviar a sus hijos mayores a la escuela, quienes se levantaban a las cuatro de la mañana a ayudarle a moler, el maíz antes de asistir a clases.

El peso de la Segunda Guerra Mundial se empezó a sentir con la escasez de la gasolina, por lo cual Don Gabriel tuvo que cambiar su primera maquina tostadora por otra de leña que fue fabricada por él y por el recordado maestro Ramón Rosa Valladares (Canecho) tomando como modelo la primera.

Don Gabriel y su familia se trasladaron a vivir en la primera casa de piedra en el Barrio La Bolsa, construida por el ingeniero Francisco Prats a quien Don Gabriel agradeció siempre su amistad y la de su hermano don Cristóbal, agradeció también la ayuda del señor Santos Guardiola, la de su primo Farah Farach quien lo avaló en el Banco Atlántida y al señor Felix Lloveras Gerente de dicho banco quien le brindo todo su apoyo sin ninguna garantía mas que la confianza que tenia en el. Y así don Gabriel comenzó a comprar café para exportación.

En el año 1951, la compañía americana Otis McAlister de San Francisco, California, se intereso en el café de Don Gabriel y formaron una sociedad; tal compañía se aprovecho tanto de la sencillez y buena fe de Don Gabriel que casi lo deja en la quiebra, razón por la cual envió por su hijo Miguel Oscar que estudiaba en california y junto con sus otros hijos disolvieron la sociedad con la Otis McAlister y Fundaron GABRIEL KAFATI Y CIA…. Siguió la lucha… no hubo sábados ni domingos ni noche ni día toda la familia, se entrego al trabajo… instalaron un pequeño beneficio al lado de la tostaduría y así empezó la exportación de café a Alemania.

En 1954 se paso el Beneficio a la ciudad de El paraíso en el departamento del mismo nombre donde se conseguía mas café. El espíritu luchador e inquieto de Don Gabriel se abrió paso en el camino del campo agrícola dedicándose al cultivo del café y, constituyéndose así la Empresa agrícola de Oriente S.A., donde trabajaban permanentemente doscientas veinticinco familias campesinas y más de mil en tiempo de cosecha; las fincas de café están dotadas de dormitorios, dispensario médico, y campo de recreo.

En 1957 se separaron las dos actividades, Molinos de CAFÉ EL INDIO y Compañía Exportadora de Café S.A. (CECSA), que cuenta ahora con las maquinarias mas sofisticadas de América Latina.

En 1960 Gabriel Kafati y Cia. Se embarco en el campo de Importación de automóviles (Fiat, Datsun y Nissan) liquidándose el negocio en 1973.

En 1969 a raíz de ciertas dificultades en obtener sus cajitas de cartón, para el empaque de CAFÉ EL INDIO, Don Gabriel decidió fabricar sus propias cajas, y en el año de 1972 subió tanto el precio del cartón, y para bajar costos se pidió la maquina para fabricar bolsas de papel Kraft, las cuales sustituyeron las cajitas, y ese fue el inicio de lo que es hoy la Industria Litográfica S.A. de C.V. (ILESA), que da sustento a 60 familias.

En el años de 1976 se invirtió en la compra de una moderna maquina de empaque de café al vacío para exportación, siendo la única en Honduras y centro América.

Don Gabriel Kafati e hijos como buenos ciudadanos y teniendo mucha fe en Honduras en los años de más crisis y inestabilidad invirtieron en la Banca BANCO MERCANTIL S.A. SUPERMERCADO LA COLONIA, Y EL INGENIO AZUCARERO DE CHOLUTECA.

Don Gabriel a sus 87 años y días antes de su muerte repentina, soñaba en agrandar más y más la industria en Honduras, estaba siempre al tanto de cada ultimo catalogo que salía al mercado y viajaba a diferentes partes para ver personalmente las maquinas por comprar.

Para él no había días de frio o calor, se levantaba a las cinco de la mañana (hora de entrada). Supervisaba todas las instalaciones, oficinas y estaba pendiente de todo lo que sucedía en sus negocios, caminaba en sus fincas y se deleitaba con el aroma del los arbolitos de café; pasaba horas de la tarde cambiando ideas con personas de su aprecio y admiración como don Manuel Villeda Toledo, lic. Mario A. Reyes Sarmiento, Lic. Carlos Martinez, Lic. Fernando Montes y de quienes lo visitaban.

Una vida de lucha moral y humana ha terminado, pero la antorcha que ha encendido GABRIEL KAFATI no puede apagarse para sus hijos, nietos y bisnietos ni para muchos de sus empleados que lo han acompañado a lo largo de los 50 años de CAFÉ EL INDIO.

POR EL HONOR Y LA JUSTICIA

NOLY DE KAFATI

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